Aquí tenéis el texto que leyó la escritora Edith Checa durante la presentación de ‘Ocho islas y un invierno’, de Marta Navarro, en Sevilla el pasado 5 de febrero:

Buenas noches. Hoy tengo el placer de presentar a una poeta a la que conocí a través de sus versos hace años. Yo dirigía y presentaba el programa de radio “Rincón Literario Tus poemas por las Ondas”, que se emitía en Radio 3, y seleccioné alguno de sus poemas (como seleccioné durante doce años de programa a muchos poetas de entre cientos que recibía). Los poemas que seleccionaba eran siempre los mejores y MARTA NAVARRO fue una de las mejores poetas. Para mí es un verdadero placer poder presentar hoy su libro OCHO ISLAS Y UN INVIERNO y precisamente aquí en Sevilla.
MARTA NAVARRO nació en Zaragoza, y allí reside. Vive con Chesús, su pareja, que al parecer tiene una paciencia infinita, como todos los consortes de las escritoras. ¡Que se lo pregunten al mío!
Es educadora infantil y ha trabajado durante siete años en la organización de una oficina contra la discriminación. (SOS Racismo) en Zaragoza.
Escribe desde siempre y, aunque no lo tiene muy claro, cree que cuando era niña escribía porque tenía “demasiada fantasía en la cabeza”, luego se convirtió en una necesidad y ahora es un verdadero placer… aunque a veces dice que es un ejercicio de expulsión de demonios.
De niña le encantaban las series de televisión británicas, pero ¿a que no saben por qué? ¡Pues porque en ellas, en sus barrios, había zonas verdes, NO como en el que ella vivía! Por ese motivo quizás regresa, un año tras otro, a Irlanda y Escocia. Y fíjense, el libro que más recuerda de su infancia es ¡Qué verde era mi valle! Por eso no es de extrañar que:
sea vegetariana desde los 6 años, que milite en organizaciones animalistas y que esté totalmente segura de que este siglo es el siglo del reconocimiento de los derechos de los animales.
Os he esbozado un poco a la persona, a Marta, pero quién es la poeta Marta Navarro. ¿Cómo escribe? ¿Cómo surgen en ella los poemas? Antes de nada debo decir que Marta tiene varios premios literarios, aunque eso es lo de menos, pero queda muy bien decirlo: Premio de Poesía Victoria Kent, Accésit del premio Gabriel y Galán, finalista en un par de premios y menciones honoríficas. Pero lo más importante es su poesía.
Marta no tiene método ni momento adecuado, pero casi siempre sus poemas salen mientras viaja, surgen en momentos de tránsito, de movimiento.
Ella, como Borges, publica para dejar de corregir porque se pasa la vida limpiando los poemas todo el tiempo, los corta y los desbroza como un árbol, los desnuda y vuelve a desnudar. Ella crea un poema y cuando lo publica ya es otro, trabaja en serio.
Un día le conté cómo escribo yo y le pregunté si ella es maniática como algunos escritores, y sí, lo es, porque para escribir escucha música, pero no una cualquiera, escucha por ejemplo a Battiato, y también a Battiato y… más Battiato, en fin a Battiato. Dice que su música la envuelve en la calma necesaria, en el vacío mental, que necesita para escribir.
Y alguno pensará: si con Battiato llega al vacío mental, ¿cómo es posible que escriba? Pues es que Marta utiliza algo llamado “meditación”, es decir, logra el silencio interior, la ralentización del torbellino mental que tenemos en la cabeza, frena (como decía Santa Teresa) a La Loca de la Casa, y gracias a ese silencio brotan poemas tan maravillosos como:
“Las cicatrices del agua
nos miran.
Sospechan que somos culpables
de todas sus heridas”
Ya sabéis que la poesía es muy subjetiva, un poema puede ser interpretado de mil formas, tantas como lectores tenga.
Y yo puedo interpretar este poema, todos los poemas del libro OCHO ISLAS Y UN INVIERNO, como quiera, puedo interpretarlo a mi manera, y cada uno de vosotros a la vuestra, pero conociendo la trayectoria de Marta, estos versos me hacen pensar que le brotan, que le llegan, dictados desde el mismo centro de la tierra.
Lo voy a repetir:
“Las cicatrices del agua
nos miran.
Sospechan que somos culpables
de todas sus heridas”
Y escuchen este otro poema
“La mirada del agua
esconde ríos con
cicatrices”
¿Es la tierra la que se está quejando?
Y estos otros versos:
“Pero yo no soy quien le roba su canto a los delfines,
ni quien mancha la nieve con semen azul,
no soy yo quien lidera un ejército de larvas convulsas.
No, este plato de cucharas y cadáveres
no es mío,
no me pertenece”.
Y más versos que incitan a pensar que la tierra está herida.
“Aullad, aullad, lobos,
antes de que la ciudad de los milagros
nos duerma
y nos mate con sólo mirarla”.
Marta huye del mundo herido, porque le duele, huye a sus verdes valles, (a Irlanda y Escocia), pero también huye y se esconde en las islas, en Sicilia.
Y escribe un libro que es en sí mismo UNA ISLA, con personalidad propia, y muy especial.
Cuando lees el libro de una atacada, percibes que es una isla perfilada, profunda, pero una isla que se mueve, de dentro a fuera, de fuera a dentro, porque ella es el náufrago que vive en la isla y sale a mirar y se esconde y reflexiona, y vuelve a salir y regresa para recogerse en sí misma y sentirse.
Pero cuando otro día, retomas el libro y lo abres por cualquier página, y lees un solo poema, te das cuenta de que el libro podría haberse titulado “32 Islas y un invierno”, porque cada poema es una isla, perfectamente perfilada, con sus orillas bien definidas, como deben ser los poemas.
Cada poema tiene su alma, pero unidos todos por ese lazo azul y verde que es la tierra, que es la esencia del ser humano, conforman una enorme alma, una gran isla poblada de cicatrices.
Pero aún diría más, este libro podría haberse titulado MIL Islas y un invierno, porque cada uno de sus versos son pequeños islotes que flotan y conforman un precioso archipiélago. Si no lo creéis, escuchad estos versos sueltos que robo a cada poema:
- Tu libertad recogerá el silencio de las piedras rotas
- Noviembre entra por la puerta azul
- me disuelvo, soy tigre, soy agua, soy vacío.
- a menudo nado por debajo de mí misma
- guardo la voluntad del aire en un pañuelo
- aprendo a comer cristales y a vomitar estrellas
- porque cada día, eres menos tú y más tu ausencia
Como verán, y como escucharán en unos momentos, porque vamos a leer algunos poemas, MARTA NAVARRO ha escrito un magnífico libro de poemas.
Yo le deseo algo que ella misma ha escrito en el libro:
MARTA:
Has llegado al embarcadero de la noche,
desnuda y con hambre de luz,
YA NADA PODRÁ DETENERTE
